El bolindre cristaloso

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El bolindre cristaloso

Ahí sigue, en el cenicero; junto a la llave y la moneda. En el pueblo hay silencio. Un silencio quebrado solamente por un coche o un televisor en marcha. Desde el fondo de la canica, a punto de abandonar la niñez, un muchacho se aferra a ella mirándome con los ojos muy abiertos, asustado por primera vez ante el porvenir que le espera y sin querer reconocerse en el viejo que lo mira desde el otro extremo de la existencia. Es el mismo niño que está ahí, delante de un mapa y con un libro que no parece interesarle mucho entre las manos; en la vieja foto escolar. Y de la que parece que va a saltar de un momento a otro para recuperar su apreciado “bolindre cristaloso”.

Localismos: La troje de las palabras.

El bolindre cristaloso

La canica de cristal

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